POR CADA NIÑA, UN BOSQUE

En Piplantri, una aldea en el estado indio de Rajastán, se celebra el nacimiento de cada mujer con la plantación de 111 árboles para asegurar su futuro y concientizar contra los feticidios. Ahora no sólo honra la llegada al mundo de los varones con danzas, cantos y proclamas a las deidades hindúes. Sino que también las niñas son bienvenidas con un ritual más terrenal y menos efímero; la plantación de 111 árboles en su honor.

“Cuidamos de los árboles como parte de nuestra familia. Porque son el fruto de la tierra y porque también nos darán el fruto para mantener a nuestras hijas”Pura

 Explica Pura, una de las mujeres de la aldea de 8.500 habitantes que se benefician del proyecto. (Abajo la nota completa que ví de casualidad hace unos meses)
Se la leí a Mey, nos miramos y dijimos: “VAMOS”. Como sea pero hay que ir a ese lugar. Y fuimos nomás. Un bus local hasta la ciudad más cercana y después… la aventura. Tuvimos mucha suerte, como casi siempre. El único que nos podía llevar, resultó ser el hermano del director de la escuela. Allí nos recibieron con los brazos abiertos. Al rato ya estábamos dando un taller. Después otro. Y otro.Y nos quedamos jugando y cantando con los chicos. Y les dijimos a los maestros que nos queríamos quedar, que queríamos saber más. Aprender de su proyecto y poder contárselo a todo el mundo. Hablaron con no se quien y nos dieron una habitación en la municipalidad del pueblo para que nos tiremos ahí en unas colchonetas. Después empezó la recorrida por el pueblo, todos querían que conociéramos a su familia, que probáramos su comida, que nos saquemos una foto con su abuelay así hasta que se hizo de noche. Al otro día volvimos a la escuela, jugamos mucho, mucho. Bailamos un montón. Los maestros aprovecharon para llenar unas planillas y nos quedamos con todos los chicos. Pintamos piedras. Nos invitaron a comer. Nos invitaron a ser parte. Nos reíamos mucho. Y nos encontramos una vez más, como a través del dibujo, fluyó todo lo que tienen adentro. Les propusimos crear un súper héroe local y las chicas, muchas de ellas, dibujaron un árbol. Esos árboles que revolucionaron su comunidad. Esos árboles que ahora les permiten vivir y vivir mejor. Esos árboles que nacieron de la cabeza de un tipo, que ante la pérdida de su hija, pudo transformar el dolor en acción. Y apareció el mismísimo de golpe. Alguien le avisó que había unos tipos fascinados con su proyecto y un montón de pibes cantando y dibujando árboles. Y nos contó cara a cara como nació todo. Y nos llevó a los bosques. Y después a su casa a comer. Y allí conocimos a su mujer, que terminó abrazando a Mey y diciéndole que era un poco como su hija. Y yo sentí como estaba viviendo un Pequeños Grandes Mundos, adentro de Pequeños Grandes Mundos. Como una mamushka de sueños. Podría haber pasado, podría haber sido una de esas cosas que uno dice al pasar: “que lindo proyecto, sería lindo ir” … pero no, fuimos. Fuimos y estábamos chochos de estar ahí. Emocionados. Con esa sensación tan linda de ser testigos de algo nuevo y ahora, con la alegría de poder compartirlo.

 

 Fotos: Sofía Nicolini Llosa – Audiovisual

Nota: http://elpais.com/elpais/2014/10/17/planeta_futuro/1413563290_976519.html

 

Motia Khan

 

Hace mil que esperábamos el taller de hoy. Me acuerdo del momento en que meses atrás, desde Japón, chateaba con Agostina Di Stefano y me habló de ese lugar y esos chicos. Motia Khan es una especie de edificio de 4 pisos donde vive un montón de gente. Mucha. Gente que tiene entre poco y nada. Ahí, con el esfuerzo de Agos & Cia se está armando una guardería y una escuela. Los chicos a veces van, otras sólo pasan un rato y después se van a pedir limosna, muchos dejan de ir porque empiezan a aspirar pegamento… las chicas se embarazan muy chiquitas… y un montón de cosas que se repiten en tantos lados.

Jugamos un rato y nos pusimos a pintar. Y cuando no… terminaron pintándose a ellos mismos.

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PARA SEGUIR PROYECTANDO

Nos encanta conectar a chicos de diferentes culturas. Por eso en cada taller, antes de empezar a dibujar, siempre contamos cosas de pibes de otros lados y les mostramos videos de países vecinos o de lugares que ni sabía que existían.
A veces, también es la posibilidad de acercar algo inédito a chicos que no tienen electricidad o jamás vieron algo así. Por ejemplo, una vez en la selva, en pleno Amazonas, toda una comunidad pudo ver una peli y dibujitos animados, por primera vez en su vida.

Pronto iremos a África, donde estaremos con tribus muy alejadas a las cuales también nos encantaría mostrarles los dibujos de los chicos de Argentina, juegos, canciones e ilustraciones de los 20 países que ya visitamos… y digo nos encantaría, porque se nos rompió el proyector.
La verdad es que no es muuuy caro, tenemos que juntar $ 3.000. Pero también es verdad que no tenemos un mango extra… entonces, una vez más, recurrimos a la construcción colectiva, a que muchos pongamos un poco. No estamos pidiendo donaciones, sino que ponemos lo que nosotros hacemos, nuestros dibujos, para quien se cope. Así, quien quiera, se lleva un cuadro pa su casa y nos da una mano para seguir proyectando.

Los cuadros, listos para colgar, por esta vez vienen con una sorpresa.
¿Quién se anota?

¡Un abrazo y mil gracias por compartir esto!
Ivanke y Mey Clerici

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Despedida

Era tardísimo. Agarramos las mochilas, y entramos al comedor para despedirnos de los chicos. Fue muy emocionante y movilizador para mí. Hasta ahora no había convivido con los chicos a los que les damos talleres. Con los chicos del orfanato estuvimos tres días seguidos. Almorzando, cenando, saludándonos a la mañana, a la noche, jugando en el patio, intentando charlar de alguna manera, aunque no nos entendiéramos ni una sola palabra. Y ahora nos despedíamos de ellos sabiendo que lo más probable es que no vayamos a vernos más. Nos acompañaron de las manos hasta el auto que nos llevó hasta la estación de micros. Y nos sonreían sin parar. Todo el tiempo nos miraban y nos sonreían todo lo que podían. Llené de besos a todas las nenas. Un poco se incomodaban al principio. Acá no se dan besos para saludarse.

Pero yo quería besarlas. Y ellas al final se dejaron y antes de subirme al auto algunas volvieron a darme un beso y una abrazo. Desde arriba del auto cantamos una última vez con ellos “Palo palo palo, palo palito palo eh!” y nos fuimos. Lloramos todo el viaje hasta la estación. Yo no paraba de pensar en las caras de los chicos. Cuánto tiempo tarda en borrarse una cara de nuestro recuerdo? Cuánto tiempo pasa desde que vemos a alguien por última vez hasta que se nos olvida su cara? Se va borrando de a poco o un día nos damos cuenta que ya no podemos retener más el recuerdo y se va?

Esperando el micro que nos llevaba a Bagan, descubrimos que la luna acá se ve distinta que en Argentina. Se ve como una U. No como una C como la vemos nosotros. Dijimos que íbamos a googlear sobre este temita de la posición de la luna, pero al final nunca lo hicimos.

mEy

myanmar

ESTE ENCUENTRO ES MAGIA

Estuvimos viviendo tres días en un orfanato en la pequeñísima ciudad de Kalaw, Myanmar.
Una de las tardes, después darles un taller a los chicos del orfanato, las chicas nos preguntaron si queríamos verlas bailar sus canciones con sus trajes típicos. Dijimos que sí, obvio. Entonces se fueron corriendo a sus habitaciones y tardaron un montón en volver. Las esperamos tomando mate sentados en las hamacas. Un rato después, aparecieron las nenas todas vestidas en trajes de varias capas de terciopelo negro, trapos de colores anudados en las cabezas y mucho maquillaje en la cara. Pero no tanaka, si no maquillaje normal. No estaban pintarrajeadas, estaban hermosamente maquilladas. Sutiles, preciosas. Ellas son chiquitas pero hacen todo solas y a la vez juntas entre ellas. No puedo llegar a imaginar el vínculo que se puede generar entre chicos que están todo el tiempo juntos desde que se despiertan hasta que se duermen, cada día de la semana, a toda hora, y sin padres en el medio. Solo ellos para todo. Cocinando, poniendo la mesa, lavando los platos, ordenando, limpiando, yendo a la escuela, estudiando, jugando. Haciendo todo y juntos.
Así vestidas hermosas nos bailaron cuatro o cinco canciones. Como no anduvo el equipo de música del orfanato, entonces también cantaban. Y bailaban sobre la música de su propio canto. Una de ellas tenía una de las voces más lindas que escuché en mi vida.

Y cantaba sin vergüenza, sin trabas, cantaba largando toda la voz para fuera. Cuando terminaron nos pidieron que nosotros bailáramos canciones de nuestro país. Como ninguno de nosotros cuatro sabe bailar tango ni folklore (qué desastres) llevamos la compu y pusimos a Gilda. Entonces, bailamos cuatro o cinco canciones de Gilda. Y así terminó nuestra performance argentina. Los chicos nos miraban fijo y con la misma seriedad con la que nosotros admirábamos sus bailes. Nosotros jugábamos a bailar y uno a veces se siente medio un improvisado bailando cumbia cuando nos piden que mostremos un baile argentino. Pero cuando vi las caras de ellos que no conocían la cumbia y que nunca vieron cómo se baila, me di cuenta que esto no es joda. Es nuestro. Tan nuestro como el baile de ellos que tanto respetamos. Una de las cosas que más viene a mi cabeza en el viaje tiene que ver con esto. ¿Cómo nos vemos nosotros desde afuera? ¿Cómo nos ven los otros? Nosotros los vemos a ellos, a quiénes sea que tengamos enfrente nuestro y nos sorprendemos, los admiramos, estamos felices de conocerlos. Y a ellos les pasa igual. Se sorprenden, con esto que somos que para nosotros es tan normal. Esto es magia. Este encuentro es magia.

Mey Clerici