EL PIBERIO Y EL PRESENTE

Los adultos somos en general, bastante nabos para vivir el presente. Demasiado atravesados por el pasado y muy especulando con el futuro, nos cuesta estar ahí, 100% en lo que está pasando en el momento. Los chicos, me parece, vendrían a ser casi que lo opuesto. El otro día, caminando por Bangkok, conocimos a un grupo de chicos que andaban por ahí. Jugamos un rato y después, siempre con el kit de hojas y pasteles en la mochila, nos pusimos a dibujar. Con ella, pegué onda desde el principio., enseguida nos adoptamos y por un rato, fuimos inseparables. Después de unos cuantos abrazos, bastantes cosquillas y 3 dibujos, hizo uno donde podían verse 2 figuras. Le pregunté con un gesto, de quienes se trataban y se señaló a ella misma… y a mí. Me morí muerto y al toque pensé en esto que estoy escribiendo: en la fuerza del presente, en la sabiduría que tienen los pibes para abrirse tanto, para comprometerse de lleno con lo que les sucede ahí, ella con un ñato que nunca había visto en su vida y seguramente no vuelva a ver.
Me llevo infinitos momentos de estos. Bocha de chicos de cada rincón con los cuales compartí sólo un rato, pero que me siguen acompañando.
No puedo evitar querer atesorar todo eso y que no se me vaya esfumando… por suerte están las grosas fotos de Sofía Nicolini Llosa – Audiovisual, y así, esos instantes pueden hacerse presentes siempre que quiera. Y por suerte también, puedo compartir todo esto con vocé, ahí del otro lado del mundo.
pd: les pedimos mildis a todos los tailandeses que querían subir al puente, y se encontraron con un piquete de pibes dibujando.

 

 

TE CONOZCO MASCARITA

Hace rato queríamos hacerlo y bueno, un día finalmente nos pusimos las pilas: compramos sobres de papel madera, acrílicos y unas cuantas cajas de pasteles. Caímos al aula chochos, como Tai con hueso nuevo y les pedimos a los chicos que cerraran los ojos para darles la sorpresa, ya que nosotros mismos habíamos hecho el ejercicio la noche anterior. Pegaron unos gritos que no me olvido más. Me copa mucho cuando pasa eso y abren los ojos grandes como el diario La Nación.
Creo que ponerse una máscara es jugar un poco a ser otro, pero a la vez, la consigna era hacer un autoretrato, con lo cual, la mirada de cada uno sobre si mismo, estaba de algún modo ahí, a la vista de todos. La pasamos muy genial. Nos morimos de risa y jugamos un montón. Tailandia nos trata de maravilla y yo soy muy feliz haciendo  junto a la persona más linda que habita el planeta tierra y alrededores.