ÁFRICA

En Addis Ababa, la capital de Etiopía, dimos un taller con chicos de la calle. La verdad que los más grandes, estaban totalmente dados vuelta por el pegamento y la vida de mierda que les tocó. Nada muy diferente de lo que se puede ver en la esquina de las grandes ciudades de cientos de países. No quedó otra que hacer tripa y corazón y poner la mejor sonrisa a pesar del dolor que causaba, que causa, sentirlos tan perdidos, tan sin un lugar donde refugiarse, tan sin amor. Lo que estaba a nuestro alcance era intentar darles aunque sea un rato de algo diferente y que volvieran a dibujar después de vaya a saber cuando. Al rato se fueron sumando los más chiquitos, esos que ojalá puedan encontrar otros caminos en este contexto que la verdad, no ayuda.
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Siempre subimos fotos de los chicos. Bueno hoy es diferente. Estas son 2 maestras de la escuela que fuimos esta mañana en Beer Sheva, Israel. Se trata de una escuela mixta, donde van chicos judíos y chicos árabes. En cada grado, tienen 2 maestras. Los chicos aprenden ambos idiomas, pero sobre todo aprenden que pueden convivir sin piedras, sin muros, sin misiles ni bombas y sin pensar que el otro es el enemigo.
Deseo de corazón, acá metido en el medio de este conflicto que a veces pareciera no va a terminar nunca, que esta imagen sea moneda corriente.

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COLABORA BIRMANIA

Colabora Birmania es una organización española que trabaja incansablemente por los chicos que por distintas razones se ven forzados a abandonar su tierra Birmana y recalar en Tailandia. Ellos nos abrieron las puertas de Km 42, una de las escuelas que fundaron desde cero para que estos chicos puedan ser chicos y no tengan que trabajar.
Estuvimos ahí 3 hermosos días. Sabemos perfectamente que las colaboraciones se traducen en aulas, alimentos y todo lo necesario para los chicos. . Para muchos de nosotros es una ayuda posible y transforma la vida de estos niños. ¡Mil gracias!

¿Será verdad?

No pasó ni un día completo pero ya me parece cuento que estuvimos realmente ahí, dibujando con esos chicos en ese paisaje increíble, tomando el té más dulce del mundo y viendo como una casa, también puede ser una cueva en medio del desierto. Gracias a esa familia hermosa de una aldea cercana que nos recibió como si nos conociése de toda la vida. La hospitalidad Palestina, es conmovedora. Nunca en mi vida había vivido algo así.

PALESTINA

Ir a un hospital siempre es distinto que hacer un taller en cualquier otro lugar. Solemos ir a orfanatos y a barrios muy complejos, a dibujar con chicos que la suelen pasan complicada, pero en algún punto, están todos más o menos todos en la misma. En cambio estos chicos… en fin. Mi idea no es caer en ningún “golpe bajo”, sino contar mi experiencia de hoy con este pequeño palestino que primero no había forma de hacerlo dibujar ni un punto y tras muuucho rato, después de hacerle un retrato y que se riera un poco, se terminó soltando y ahí si, dibujamos un montón. Siempre estoy un poco con cada uno, pero hoy me quedé con él todo el taller. Así lo sentí y así sucedió. A pesar de todo el dolor, me fui contento. Y creo que él también.
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CADENA DE REGALOS

Hay otra parte de Pequeños Grandes Mundos más allá de los talleres y es una de mis preferidas: “La Cadena de Regalos”. En ella, hacemos un video donde un chico nos cuenta algunas cosas de su vida: de su familia, el lugar donde vive, su comida preferida, su juego favorito y su sueño. Y le pedimos que elija un regalo y haga un dibujo para un chico del próximo país. Una vez allí, conocemos a un chico o chica que nos llega especialmente, lo invitamos a participar, le mostramos el video y le damos el regalo. Y repetimos lo mismo. Cada chico recibe y da. De golpe conoce a

Alguien de otro país y descubre cosas nuevas. La idea, obviamenchi, es generar puentes.
Las 2 cadenas empezaron en Argentina, continuaron por 16 países y aún faltan un montón de chicos por delante. Finalmente, desde Turquía, el último destino que visitaremos, 2 regalos y 2 dibujos viajarán con nosotros hasta Argentina, donde Simón y Francisca, 2 años más tarde, recibirán su regalo, cerrando el círculo que comenzaron. Ojalá, en muchas noches estrelladas, podamos proyectar la cadena completa en cada plaza de Argentina.

POR CADA NIÑA, UN BOSQUE

En Piplantri, una aldea en el estado indio de Rajastán, se celebra el nacimiento de cada mujer con la plantación de 111 árboles para asegurar su futuro y concientizar contra los feticidios. Ahora no sólo honra la llegada al mundo de los varones con danzas, cantos y proclamas a las deidades hindúes. Sino que también las niñas son bienvenidas con un ritual más terrenal y menos efímero; la plantación de 111 árboles en su honor.

“Cuidamos de los árboles como parte de nuestra familia. Porque son el fruto de la tierra y porque también nos darán el fruto para mantener a nuestras hijas”Pura

 Explica Pura, una de las mujeres de la aldea de 8.500 habitantes que se benefician del proyecto. (Abajo la nota completa que ví de casualidad hace unos meses)
Se la leí a Mey, nos miramos y dijimos: “VAMOS”. Como sea pero hay que ir a ese lugar. Y fuimos nomás. Un bus local hasta la ciudad más cercana y después… la aventura. Tuvimos mucha suerte, como casi siempre. El único que nos podía llevar, resultó ser el hermano del director de la escuela. Allí nos recibieron con los brazos abiertos. Al rato ya estábamos dando un taller. Después otro. Y otro.Y nos quedamos jugando y cantando con los chicos. Y les dijimos a los maestros que nos queríamos quedar, que queríamos saber más. Aprender de su proyecto y poder contárselo a todo el mundo. Hablaron con no se quien y nos dieron una habitación en la municipalidad del pueblo para que nos tiremos ahí en unas colchonetas. Después empezó la recorrida por el pueblo, todos querían que conociéramos a su familia, que probáramos su comida, que nos saquemos una foto con su abuelay así hasta que se hizo de noche. Al otro día volvimos a la escuela, jugamos mucho, mucho. Bailamos un montón. Los maestros aprovecharon para llenar unas planillas y nos quedamos con todos los chicos. Pintamos piedras. Nos invitaron a comer. Nos invitaron a ser parte. Nos reíamos mucho. Y nos encontramos una vez más, como a través del dibujo, fluyó todo lo que tienen adentro. Les propusimos crear un súper héroe local y las chicas, muchas de ellas, dibujaron un árbol. Esos árboles que revolucionaron su comunidad. Esos árboles que ahora les permiten vivir y vivir mejor. Esos árboles que nacieron de la cabeza de un tipo, que ante la pérdida de su hija, pudo transformar el dolor en acción. Y apareció el mismísimo de golpe. Alguien le avisó que había unos tipos fascinados con su proyecto y un montón de pibes cantando y dibujando árboles. Y nos contó cara a cara como nació todo. Y nos llevó a los bosques. Y después a su casa a comer. Y allí conocimos a su mujer, que terminó abrazando a Mey y diciéndole que era un poco como su hija. Y yo sentí como estaba viviendo un Pequeños Grandes Mundos, adentro de Pequeños Grandes Mundos. Como una mamushka de sueños. Podría haber pasado, podría haber sido una de esas cosas que uno dice al pasar: “que lindo proyecto, sería lindo ir” … pero no, fuimos. Fuimos y estábamos chochos de estar ahí. Emocionados. Con esa sensación tan linda de ser testigos de algo nuevo y ahora, con la alegría de poder compartirlo.

 

 Fotos: Sofía Nicolini Llosa – Audiovisual

Nota: http://elpais.com/elpais/2014/10/17/planeta_futuro/1413563290_976519.html